lunes, 14 de agosto de 2017

Consejos para mamás de bebés prematuros



Cuando eres mamá de un bebé prematuro, te dicen muchas cosas, algunas son solo mitos, otras son realidades y otras son consejos amigables. Aquí te dejo una lista de esos que me funcionaron: 

Visitas: La verdad es que yo restringí las visitas, sobre-todo durante los primeros 40 días. Suena paranoico, pero si se debe tener cuidado con un bebé nacido a término, el cuidado con un bebé prematuro debe ser mayor. Si tu decisión es recibirlas,  procura que no lo toquen demasiado y tengan sus manos limpias. Hay que tener especial cuidado con los resfriados o cualquier otro tipo de enfermedad contagiosa, por lo que las personas que tengan intención de visitar al bebé deben estar seguras de no padecer ni haber padecido recientemente ninguna afección respiratoria.

Limpieza: Es muy importante lavarse las manos siempre antes de coger o manipular al bebé.

Ambiente: El prematuro dispone de menor cantidad de grasa corporal, por eso para garantizar su bienestar y por recomendación médica, lo mantuve guardado en mi pecho con gorro, pañal y medias, hasta lograr el peso ideal para su edad. Sin embargo, no es conveniente que el bebé tenga calor porque le supondría un esfuerzo extra disminuir su temperatura corporal.

Alimentación: La lactancia materna es la mejor forma de alimentar a los bebés prematuros, al igual que los nacidos a término, contribuirá a fortalecer su sistema inmunitario. Los prematuros necesitan alimentarse con mayor frecuencia (unas ocho o diez veces al día). En caso de no producir suficiente leche o por situaciones ajenas no se le puede lactar es necesario utilizar la lactancia mixta o solo formula. En caso de no lactar a tu bebé, no te sientas culpable. Eso no te hará menos mamá que otras.

Vacunas: Mi especialista me recomendó aplicar las vacunas que le corresponden según su edad corregida (edad del bebé según la fecha prevista del parto, por ejemplo, si el bebé tiene 6 meses de edad, pero nació dos meses prematuro, su edad corregida es 4 meses), durante el primer año. En el caso de la vacuna antigripal, se debe administrar a los prematuros mayores de seis meses. También es conveniente que las personas que convivan con el niño se vacunen contra la gripe. 

Sueño: Los recién nacidos suelen dormir entre 16 y 18 horas diarias, y los prematuros incluso más. Al principio pueden sentirse extraños en la cuna porque mientras permanecieron en la unidad de neonatos había más luz y ruidos, por lo que puede resultar conveniente mantener una luz tenue encendida y la radio a bajo volumen durante los primeros días. Para dormir, hay que colocar al bebé boca arriba (salvo que el médico indique otra postura), comprobando siempre que no haya ningún juguete u otro objeto dentro de la cuna. 

Salidas y paseos: Si el tiempo lo permite, no hay nada malo en sacar al niño a la calle,  de hecho con los controles a los que debemos acudir es imposible decir que no, pero hay que evitar siempre acudir a lugares donde haya aglomeraciones de gente para escapar a posibles contagios y accidentes. 

Estimulación: Es bueno estimular al bebé para facilitar el desarrollo y maduración de su sistema nervioso. Para eso, es fundamental el contacto del bebé con sus padres. Nosotros le hablábamos mucho, le cantábamos suavemente, jugábamos con él y le colocamos un móvil en la cuna para que se distrajera mirándolo.

Control y citas periódicas: Los bebés prematuros precisan de un seguimiento médico especial, sobre todo los nacidos con un peso inferior a 2.500 g. Periódicamente se examina su vista y oído, y se controla el desarrollo de su sistema nervioso, prestando especial atención al momento en que sonríen, se sientan y andan por primera vez, así como al lenguaje hablado y el tono muscular. Algunos bebés prematuros necesitarán fisioterapia cuando crezcan, y es importante detectarlo cuanto antes.
Tal vez se me escapen algunos datos, mi mayor consejo es que sigas tu intuición, nadie conoce más a su retoño como la mamá. Eso sí, hay que consultar al especialista en caso de presentar algo sospechoso o inhabitual en el estado de tu bebé, algunos signos de alerta son:
  • Dificultad para respirar.
  • Dificultad para despertarse.
  • Que su cara se ponga azulada o muy pálida.
  • Fiebre o hipotermia.
  • Movimientos oculares anormales o ausencia de seguimiento visual.
  • Ensucia mucho menos los pañales.
  • Llora sin motivo y de forma prolongada.
  • No quiere comer, o come menos.
Espero que estos consejos te sirvan, en mi próximo post les contaré sobre mi experiencia al lactar a mi retoño. 

Si tienes dudas escríbeme, estaré aquí para leerte.

jueves, 3 de agosto de 2017

¿Qué esperar del plan canguro?



Ya les conté cómo me convertí en mamá canguro, ahora les contaré cómo fueron esos primeros días en casa y la maratónica agenda que debimos seguir. 


Mi Retoño al nacer, pesó 2.190 g, cuando nos dieron de alta, 8 días después, nos fuimos a casa con un peso de 2.100 g y pasados 3 días ya pesaba 2060 g. Nadie nos advirtió que los bebes recién nacidos pierden peso los primeros días. Así que a través de llamados de atención de la enfermera jefe que nos llevaba el seguimiento de alto riesgo neonatal, entendimos la situación. 

Una cosa es tener un bebé en la clínica, con muchos profesionales pendientes de él, otra estar en casa con dos papás inexpertos y con los nervios de punta, porque aún no superan el que las cosas no salieran como se planearon.

Recuerdo estar muy feliz, de presentarle su nuevo hogar al Retoño, si me preguntan, no recuerdo el dolor de la cirugía, tampoco el dolor de mis senos al darle leche. Pero esa primera noche en casa fue angustiosa: se supone que debía darle de comer cada 3 horas, pero no sabía que las 3 horas se contaban al terminar de comer, así que no le estaba dando cada 3, si no cada 1 hora y media. Y pues claro, mi bebé no quería recibir y lloraba.

Yo pensaba que lloraba de hambre - pero ahora que lo entiendo el pobre lloraba porque no lo dejaba descansar lo necesario-  me preocupaba que no comiera, no por lo que me fueran a decir en la próxima cita de control, sino porque podría enfermarse, adelgazar más, perder defensas y todas esas cosas con las que mi abuela me convencía de comer cuando era niña.  

Durante los primeros 15 días de nacido, tuvimos que escuchar reproches  porque sí o porque no. Que no le dimos la comida a las horas exactas, que no está subiendo de peso, que el pañal no está bien puesto, que yo estaba preocupada y eso se lo trasmitía a mi Retoño y por eso tenía cólicos… Pero por Dios, ¿cómo no estarlo, si en lugar de recibir orientación y aliento solo recibía llamados de atención?

Debo ser sincera, el trato que recibimos del personal de enfermería encargado del plan de mamá canguro, no fue el mejor, a veces siento que fue hasta insensible. Recuerdo decirle a mi esposo: “Estas personas creen que una mamá primeriza se las debe saber todas, y hasta a las que han tenido varios, algo se les escapa”.

El control de enfermería es solo por el primer mes de vida de los bebés. Así que las cosas cambiaron y ya no teníamos que frecuentar la clínica cada 3 días.

Cada mes teníamos cita con la pediatra del plan y con nuestro pediatra de cabecera, debíamos asistir a citas de terapia ocupacional, sicología, terapia física, neuropediatría, oftalmología, fonoaudiología y nutrición. 

Algunas veces no estaba de acuerdo con las rutinas que me proponían y yo hacia las mías a nuestro acomodo. Eso sí, siempre con el proposito de mejorar las cosas y no por capricho.

Otras veces nos topamos con personas extraordinarias que nos explicaban las veces necesarias para que pudiéramos llevar esta etapa de la mejor manera, manos amigas y comprensivas que me hacían sentir que las cosas estaban bien, que nuestra forma era válida y que por fortuna teníamos un enorme grupo de profesionales a nuestra disposición.

Hoy agradezco a esos seres maravillosos que en muchas ocasiones escucharon mis insistente preguntas: “¿Pero su desarrollo va bien, pero por qué puja así, pero cómo es que toca darle pecho, pero cómo debo abrigarlo, pero, pero…?”

Encontramos personas que me enseñaron a llevar una vida más tranquila, para poder trasmitírsela a mi bebé. 

Ya sé, ahora me puse cursi, pero cuando miro atrás y recuerdo esos impases que afrontamos obligados, siento que todo tiene su razón de ser. Que la vida no nos da nada para lo que no estemos preparados. 

Hoy mi Retoño, es un canguro graduado con honores, es un niño sano y feliz, ¿qué más puedo pedir?