lunes, 3 de julio de 2017

Así me convertí en mamá canguro

Debemos desembarazar de inmediato, tiene la tensión muy alta", dijo la doctora que nos hacía seguimiento cada 8 días.

En ningún momento habló de parto, tampoco explicó que sería por cesárea y  pensé en lo peor. Luego entendí: se trataba del término médico para señalar que el bebé estaría mejor afuera de mí.

Mi retoño, de 35 semanas, salió de mi vientre y de bienvenida sólo pude darle un beso en su tibia mejilla. Yo estaba aterrada, seguía sedada, únicamente podía verlo a través de un aparato transparente. Lo trasladaron a la Unidad de Neonatos y para poder tenerlo en mis brazos debieron pasar más de 24 horas. 

Tuve que caminar de la habitación hasta la Unidad, sentía partirme por la mitad en cada paso que daba, pero cuando pude ver a mi hijo y sentirlo en mis brazos olvidé que me habían cortado 7 capas del vientre. En ese momento, lo único que me dolía era verlo en esa incubadora con un aparato que registraba sus signos vitales. 



Era flaco, se veía tan indefenso, tan inocente… que  no pude evitar llorar, sentir miedo e impotencia; no entendía porque pasaban estas cosas. Me cuestionaba: pero si me cuidé, me alimenté como me lo decían, hacía exactamente lo que mi ginecobstetra pedía. Las enfermeras me llamaban la atención: “No llore, que el bebé siente todo y se va a poner triste. Tiene que ser fuerte”.

Mientras tanto, mi esposo -quien en medio de su preocupación, debió multiplicarse, correr de un lado a otro para hacer el papeleo y estar pendiente de nosotros-  tuvo que asistir a una especie de taller en el que le informaban que nuestro Retoño, con menos de 2.500 gramos, debía pertenecer al "programa canguro". Fue él quien tuvo que duplicarse y estar pendiente de nuestro bebé y yo.

Seguía con la tensión por las nubes, por eso no me daban de alta, no sabía cómo lactar, y en lugar de dejármelo tener más tiempo en mis brazos me prohibieron verlo por 2 días, con la excusa de que así mi tensión mejoraría. Me cambiaron de piso y la única manera de verlo era a través de las videollamadas que hacía mi esposo.

Me parecía ilógico pensar que los dos estábamos mejor separados. Traté de entender que yo estaba en un mayor riesgo de salud y que si estuviera bien, podría dar más. Así que me propuse a cambiar el ánimo, extraer mi leche y enviársela; bajar al banco de leche para que se la dieran, tranquilizarme y mejorarme para poder verlo durante 2 horas, 2 veces al día. 

Tras 8 días de ir y venir, se estabilizó mi tensión, me dieron de alta pero a mi Retoño no, el motivo: debíamos demostrar que él era capaz de succionar y ese día, no pasamos la prueba

Esa noche fue dura, entré al apartamento y no pude evitarlo: lloré tras ver su habitación. A la tristeza de no poder tenerlo en casa, se sumaba la culpa. Me preguntaba: ¿y si hubiera hecho más, si mejor me hubiera retirado del trabajo? Luego sentía rabia y decía: ¿por qué no nos dejan traerlo a casa? Dicen que un bebe debe estar lo menos estresado posible y ¡una clínica es todo, menos tranquila! ¿Qué lugar es menos estresante que uno donde se escucha el mismo corazón, la misma voz, el mismo olor que tenía en la barriga?

Pero no me atreví a decírselo a los doctores, porque sabía que solo estaba cegada por la frustración. Y verlo al otro día, cangurearlo y demostrar que nos entendíamos en la lactancia me ayudó a superar esos pensamientos. 

Mi bebé, el mismo que hace una semana llevaba oxígeno terapéutico, era el más activo de la Unidad, demostró que su succión y deglución eran correctas y le dieron de alta inmediatamente. 

Mi esposo y yo, pasamos de cargarlo por pocas horas cada día, a tenerlo las 24 horas encima de nosotros. Así empezó la etapa más dura del "método canguro", para lo único que lo sacábamos era para cambiarlo de pañal y darle de comer,  no llevaba ropa, solo pañal, gorro y medias. No recibiamos visitas en casa, ni siquiera de familiares cercanos.

Nos turnamos, lo mantuvimos pegadito a nuestra piel, le dimos de comer estrictamente cada 3 horas y para dormir debíamos permanecer sentados.

Cada 8 días debíamos asistir a control médico… Pero lo que pasó en esas citas, se los contaré en una próxima entrada.

8 comentarios:

  1. Mi hija mayor cuando nació, se quedo en el hospital 1 semana, fue algo muy dificil entre venir, ir, sacarme la leche y llevarla mi esposo temprano en la mañana, casi no podia moverme por la cesaria, en verdad que esos momentos son un antes y un despues en la vida de nosotros!

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    1. Es verdad Diana. Es una experiencia difícil, por fortuna, con final feliz. Gracias por tu oponión.

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  2. Que belleza! Gracias por compartir tan valiosa información. Un antes y un después para nuestras vidas.

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    1. Así es, lo bueno es que todo pasa y nos queda el aprendizaje.

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  4. Que dura situación, tengo tres hijos y gracias a Dios a los tres me los llevé sanos a casa inmediatamente. Gracias por compartir tu experiencia con nosotros.

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    1. Gracias a tí por leer. Tener tus niños en casa inmediatamente te hace bendecida.

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